Y ahora, ¿qué hacemos?

En el país del todo puede pasar… Había pasado… ¿Qué? Un examen de evaluación para alumnos, profesores e instituciones.

¿Y qué pasó?

En esta escuela, ubicada en una comunidad en donde nadie ni los gobernantes, ni los empresarios y ni la misma iglesia tiene la decencia ni la gana de voltear a ver a la gente y los problemas que atraviesa, entonces ocurrió: se demostró que a pesar de los esfuerzos por pagarle a un profesor que fuera al menos de vez en cuando a la escuela, los alumnos reprobaron la prueba ENLACE; se demostró que los alumnos no sabían leer ni mucho menos tenían idea de lo que era una fracción matemática.

El director de zona estaba sumamente preocupado, le podían bajar el sueldo y, peor aún, lo vendrían a supervisar. Qué cuentas entregaría si él ni siquiera vivía en la comunidad: tenía su casa en la capital, de la comunidad tenía noticias de vez en vez.

Por aquellos lugares llegaron unos extranjeros; realmente no eran tal cosa, pero la gente suele llamarles así cuando vienen vestidos de manera diferente y tienen otro tono de voz. Se decía que eran unos misioneros, unos profesores o tal vez unos enviados de Quetzalcoatl porque tenían cabellos rubios.

Entre los “extranjeros” que llegaron había una profesora que andaba recorriendo las comunidades y recabando datos en una libretita. Nadie sabía qué escribía en ella pero la guardaba celosamente en su morral.

Ella llegó a la comunidad y en los lavaderos escribíacuchó a las mujeres quejarse de lo que pasaba en la escuela: los alumnos de 16 años no sabían nada, entonces. ¿de qué servía que hicieran el esfuerzo para mandarlos a la escuela?, mejor que los jóvenes se pusieran a trabajar, así podrían ayudar en casa; pero además algunos de ellos ya eran padres de familia.

La extraña les preguntó qué había pasado y ellas, mientras enjuagaban la ropa y la colocaban en sus cubetas; le iban contando que en ese país en donde todo podía pasar… había pasado: sus hijos no aprendían nada en la escuela y lo único que ellas deseaban era que sus hijos tuvieran un mejor futuro del que ellas habían vivido o les había tocado vivir. A la extraña le brillaron los ojos y les dijo:

– Yo puedo ayudar si ustedes quieren.

Las mujeres se voltearon a ver y le dijeron:

– Eres mujer y no puedes hablar en el consejo de hombres pero…

Las mujeres le propusieron el plan de llevarla al pueblo y por medio de doña Celia, la esposa del presidente municipal, podían presentarla ante los gobernantes de la entidad. Y así fue. La llevaron con ellas y al llegar a casa de doña Celia encontraron a Don Fulgencio y le presentaron a la extraña.

La extraña le dijo a Don Fulgencio que no era maga, ni enviada de Quetzlcoatl pero que podía ayudar a resolver el problema de la escuela. De alguna manera esta extraña tenía el poder de la persuasión y fue envolviendo a Don Fulgencio con sus palabras: quedó dicho esa tarde: el lunes la extraña se presentaría en la escuela y tendría la oportunidad de trabajar con los alumnos una semana, ese era el plazo de prueba, una sola semana.

La extraña pasó preparando clase y materiales durante el fin de semana: ¿Qué podía hacer con un grupo de alumnos jóvenes? Las ideas le revoloteaban en la cabeza, mientras se bañaba venía otra, entonces iba por la libretita y la apuntaba, así fue llenando la libretita de ideas para sus alumnos.

El lunes se levantó muy temprano y se encaminó a la escuela y al llegar al salón lo único que vio fue un puñado de jóvenes con los ojos bien abiertos y acomodados en sus bancas, esperando a ver qué tenía para decirles esta extraña. Todo el fin de semana se había murmurado por todo el pueblo del acontecimiento y de la extraña, así que ellos estaban espantados y no sabían que esperar.

Entonces ocurrió el momento cuando ella abrió la boca y se presentó. No mencionó nada sobre la prueba ENLACE, simplemente les dijo que venía a leer con ellos, a imaginarse mundos distintos y a viajar por el tiempo. Puso a los alumnos en equipos y repartió cuentos que estaban en desorden para que ellos encontraran la coherencia y los leyeran. Los alumnos se emocionaron con la actividad y empezaron a leer a contarse el cuento… Discutían y se interesaban por las historias que leían. La extranjera pensó: “No importa el examen, ellos tienen que enamorarse de la lectura, entonces cualquier cosa será más fácil.”

Gabriela Rodriguez

Cada día hacían cosas diferentes, se e

mocionaban por las lecturas, exponían sus ideas y discutían sobre lo que les interesaba. Pararon una semana leyendo diferentes textos, incluso crearon cuentos, se llevaron a cabo debates en clase para utilizar argumentos.

Entonces ocurrió en el país en donde todo

puede pasar: los alumnos estaban entusiasmados por la lectura, no importa el resultado de la prueba ENLACE pero si los alumnos quieren leer por gusto, deciden qué hacer en clase y llegan todos a tiempo a las sesiones, entonces cualquier cosa podía pasar.

Y así fue como la extranjera se convirtió e

n conocida y los alumnosse convirtieron en amantes de la lectura, no había porqué regañar por los resultados, se tenía que trabajar en equipo y lo demás pasaría como tiene que pasar.

En un país en donde todo puede pasar…

Gabriela Rodríguez

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Esta entrada fue publicada en Abril 2013, Nuestras Creaciones y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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